Villena 

Artículos sobre la antigua, actual y futura Villena, sus calles, su gente, sus virtudes y defectos y cualquier otra cosa relacionada con Villena

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Artículos sobre la gastronomia de Villena. La cocina de Villena está pensada para combatir el frío, por ello no es de extrañar encontrar platos tan consistentes como el triguico, a base de trigo picado, pencas, alubias y nabos; o el gazpacho manchego, carne de caza guisada sobre una base de pan ázimo, acompañado de ajoaceite. También conviene probar el 'relleno', un caldo de cocido presidido por una 'pelota' o gran albóndiga de carne, hígado y piñones, y el arroz con pata, los caracoles y las habas.

Las pastas tradicionales son también de honda raigambre, como los sequillos, dulce de obleas de harina, aceite y huevos, los rollicos de vino, los almendrados o bocados de harina y almendras dulces y las toñas, cocas de pan dulce, conocidas en muchos lugares como 'pan quemado', entre otros.

Villena destaca, desde antiguo, por sus afamados vinos. Así, merece especial consideración el famoso vino Fondillón, vino de postre, que permanece diez años en barricas de roble y que ha sido reconocido por la Unión Europea, junto con el Oporto, el Jerez y el Champagne, como vino de gran calidad reconocida.

La estratégica situación geográfica que ocupa Villena, unida a la riqueza acuífera de su subsuelo, han determinado el papel de esta ciudad en la Historia, y explican que en esta zona se hayan dado cita casi todas las culturas prehistóricas, desde el Paleolítico Medio, hace 50.000 años. Existen asimismo vestigios del Neolítico y del Calcolítico, sin embargo es en la Edad del Bronce donde Villena aparece con mayúsculas en la Historia, ya que a esta etapa pertenece el magnífico tesoro áureo, que ha dado nombre a la "orfebrería tipo Villena". La continuidad del proceso humano está constatada por la presencia de poblados iberos y villas romanas repartidas por todo el término.

De época islámica sabemos que el reino musulmán de Murcia tuvo a esta ciudad de jardines como límite norte. Su condición fronteriza propicia que el nombre de Villena suene en distintos episodios de la reconquista. La conquista cristiana de Villena tuvo lugar en 1240, a cargo del comendador de Alcañiz, en nombre de Jaime I y de la Corona de Aragón. A partir del Tratado de Almizrra -1243- pasó a Castilla. El rey Fernando II creó el título de Señorío de Villena y lo cedió a su hijo, el infante Don Manuel, permaneciendo en la familia de los Manuel y, posteriormente de los Pacheco hasta 1488, cuando los Reyes Católicos lo incorporaron a la corona. El territorio fue Señorío, Principado, Ducado y, posteriormente Marquesado, y comprendía parte de las actuales provincias de Almería, Murcia, Albacete, Alicante, Valencia y Cuenca, y comprendía veintitrés localidades.
Al filo del siglo XVI se abre un período de cierta tranquilidad, sólo rota por el eterno conflicto territorial de Los Alhorines, entre Caudete y Villena. Posteriormente, en 1525 Carlos I le concedió el título de ciudad.
Durante la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, Villena apoyó a estos últimos en la figura de Felipe V, siendo su castillo una excelente plaza de armas para acabar con los fueros del Reino de Valencia en la Batalla de Almansa de 1707. Esto le hizo ganar el título de "Muy Noble, muy leal y fidelísima", que hoy figura en su escudo.
La imagen urbana de Villena a finales del siglo XVIII es la de una ciudad abierta que ya no tenía murallas, inserta en el camino del desarrollo con el paso, a mitad del siglo XIX, del ferrocarril que unía Alicante y Madrid, o con el trazado que la conectaba con Alcoy. Y es aquí cuando la ciudad volverá sus ojos a la Historia al incorporarse definitivamente a la provincia de Alicante en 1836.

La imagen urbana de Villena a finales del siglo XVIII es la de una ciudad abierta que ya no tenía murallas, inserta en el camino del desarrollo con el paso, a mitad del siglo XIX, del ferrocarril que unía Alicante y Madrid, o con el trazado que la conectaba con Alcoy, creciendo con el signo de los tiempos. Y es aquí cuando la ciudad volverá sus ojos a la historia al incorporarse definitivamente a la provincia de Alicante en 1836.

El desarrollo actual de la ciudad ha propiciado que Villena sea una ciudad dinámica dotada de una infraestructura cultural y de servicios propia de una ciudad moderna; sirvan como ejemplo el magnifico Pabellón Deportivo Cubierto, el Polígono Industrial, la Casa de la Cultura, el Teatro Chapí, sus museos y otras muchas manifestaciones de toda índole que se desprenden de la lectura de las páginas siguientes.

A partir del siglo XIV se abre un largo período en el cual Villena quedará bajo jurisdicción castellana hasta el siglo XIX, y comenzará a ascender en la escala de títulos otorgadas a sus señores y ciudadanos.

Si primero obtuvo el de "Villa" de mano de los Manueles, en 1488 pasó a depender directamente del realengo y a disfrutar de distintos privilegios al apoyar contra el sublevado marqués Don Diego López Pacheco, a los Reyes Católicos. El nieto de éstos, Carlos I, le concedió el título de "Ciudad" en 1525. Se abre un período de cierta tranquilidad, sólo roto por el eterno conflicto territorial de los Alhorines, entre Caudete y Villena al filo del siglo XVI. Durante la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, Villena apoyó a estos últimos en la figura de Felipe V, siendo el Castillo de la Atalaya una excelente plaza de armas para acabar con los fueros del Reino de Valencia en la famosa batalla de Almansa en 1707. Esto le hizo ganar el titulo de: "Muy noble, muy leal y fidelisima", que hoy figura en su escudo.

La situación geográfico-histórica de Villena ha sido siempre la de zona fronteriza. Fronteras y límites han marcado profundamente las influencias culturales recibidas, así el Reino Musulmán de Murcia tuvo a esa ciudad de jardines como limite norte, dándole también los cristianos esta condición.

La conquista cristiana de Villena tuvo lugar en 1240, fue realizada por el comendador de Alcañiz en nombre de Jaime I y de la Corona de Aragón, incumpliendo de esta manera pactos anteriores que dejaban a la órbita castellana esta plaza. El Tratado de Almizra en 1243 la devolvía a Castilla, creándose entonces el Señorío de Villena.
Más tarde, en 1261, Castilla necesitaba de nuevo la ayuda de catalanes y aragoneses para sofocar la sublevación morisca.

Este marcado carácter de absorción de influencias diversas, castellana y aragonesa, no quedó zanjada con la creación del Señorío de Villena -cuyo primer Señor el Infante Don Manuel era hermano menor de Alfonso X "El Sabio" y yerno de Jaime I-, sino que posteriormente D. Juan Manuel, segundo señor y primer Duque de Villena, casó con Doña Constanza, hija del rey aragonés Jaime II.

El Señorío, Principado, Ducado y posteriormente Marquesado de Villena se extendía por parte de las actuales provincias de Almería, Murcia, Albacete, Alicante, Valencia y Cuenca, y comprendía veintitrés localidades.


La ciudad de Villena ofrece un extenso panorama cultural, con una amplia infraestructura de equipamientos.
El rico pasado de Villena se equipara con la gran diversidad de personajes ilustres que han dejado su impronta en la ciudad y que son dignos de mención. Nobles, artistas, investigadores o intelectuales otorgan a Villena un gran valor cultural por sus aportaciones a esta ilustre villa.


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